Articulo sobre la conferencia en la La Opinión de Zamora

El investigador Miguel Angel Hernandez acerca la figura del obispo Tomás Belestá y Cambeses

Tomás Fernández, Miguel Ángel Hernández y al fondo la imagen del obispo. Foto José Luis Fernández

El obispo Tomás Belestá respaldó «la instalación de la madre Bonifacia en la diócesis» de Zamora. Así lo dio a conocer ayer el historiador y sacerdote, Miguel Ángel Hernández en una conferencia, promovida por la asociación Amigos de la Catedral, para dar a conocer la figura del prelado con motivo los 200 a años de su nacimiento.

Tomás Belestá y Cambeses (Zamora 1811-1882) «era hijo de un militar francés, que llegó con las tropas napoleónicas, y de una mujer de El Escorial». Estudió en el Seminario de Zamora, con becas, dado que eran siete hermanos, terminó con muy buenas notas y se fue de párroco por oposición a la diócesis de Astorga. «Viana do Bolo fue su primer destino. Se encariño mucho con los pueblos de aquella zona, de tal manera que en su primer testamento, un tercio de sus bienes los quiso dejar para las parroquias pobres de esa comarca», precisa el historiador.

Belestá opositó para ser profesor en la Universidad de Salamanca, donde estuvo 30 años. En la ciudad charra conoció a la familia de la madre Bonifacia «porque fue párroco de la Catedral en 1848». «Era propietario del inmueble de una de las primeras sedes donde se instalaron las Siervas de San José, el colegio de Nuestra Señora de los Ángeles» y «presionaba a las religiosas con el pago del alquiler», detalla el sacerdote que ha investigado la figura del obispo.

Tomás Belestá y Cambeses fue rector de la Universidad donde «impulsó la creación de escuelas normales de maestros, de los centros dominicales y de adultos» para que pudieran estudiar aquellos que no lo hicieron en su infancia. También «fundó la escuela de sordomudos de Salamanca y logró que la reina Isabel II estableciera un colegio mayor», enumera Hernández.

El 25 de marzo de 1881 Belestá y Cambeses tomó posesión de la sede de Zamora. Pese a tener ya 70 años el obispo visitó en dos veces toda la diócesis y desplegó una gran actividad. Así apoyó el asentamiento de la madre Bonifacia en Zamora y cuando las religiosas se instalaron «en la calle de la Reina, la casa que estaba al lado de la capilla de la Candelaria, la compró y se la donó». También ayudó a las Siervas de María, compró el palacio de los marqueses de Alcañices, en Toro, para las religiosas del Amor de Dios y respaldó la instalación de los Mercedarios en Toro, «cuando la orden había desaparecido en España».

Su preocupación por sacar a la población del analfabetismo le llevó a fundar la escuela de adultos de Zamora, efectuó el arreglo parroquial de toda la diócesis, realizó un sínodo diocesano y mandó crear estatutos a cofradías y asociaciones». También fue senador por la archidiócesis de Valladolid, luego por la provincia de Gerona y posteriormente, en 1891, un año antes de su muerte, de Zamora. «Sus intervenciones son muy interesantes y en ella demuestra que es un nombre con mucha cultura», certifica el historiador y sacerdote.

18-X-2011 – La Opinion el Correo de Zamora